Metá-xtasis de las gabardinas (Parte 1)
Todavía no sé porqué paso... Ella había respirado mi cabello durante toda la tarde y por la mañana habíamos salido, como cualquier día penumbroso (quizás fuera de noche) a contar gatos. El cerebro simuló un grito de dolor al ver el hielo torturado por una mano desnuda. No había ninguno. TODOS, habían desaparecido. Los perros callejeros, estaban tristes...


